Cuando mi jefa me pidió la cabeza de alguien de mi equipo

Al inicio de mi carrera liderando equipos, heredé un grupo con una jefa arriba que ya tenía sus ideas de quién debía quedarse y quién no. Había una chica en el equipo que no le gustaba. No por el trabajo. Simplemente no le gustaba tener mujeres en su equipo.

Nunca me lo dijo directo. Nunca me pidió que la despidiera. Me pidió que le exigiera más, que si en algún momento no aguantaba el ritmo, había que encontrar el camino para que se fuera sola.

Yo entendí perfecto lo que eso quería decir.

Traté de apoyarla, pero no como hubiera querido. No le podía explicar lo que pasaba arriba, porque eso significaba exponer a mi jefa. Me quedé en un punto medio, cumpliendo lo mínimo que se me pedía, sin hacerle la vida imposible a nadie.

Y aun así, mi jefa terminó pensando que yo quería su puesto. Que estaba usando esa situación para ir por ella.

Poco después me cambiaron de equipo.

Después supe que consiguió lo que quería por otro lado, un llamado de atención buscando justa causa. Yo ya no estaba para verlo. Me fui a otra empresa y nunca supe qué pasó con esa persona.

Lo que sí sé es que para ella no fui un buen líder. Nunca le pude explicar por qué actué así, y seguramente nunca lo va a saber.

Esa experiencia me cambió la forma de liderar. No con una lección perfecta, sino con la certeza de que a veces uno hace lo que puede dentro de lo que le dejan hacer, y ni así alcanza. Desde ahí traté de ser más mentor con los que empezaban, y más facilitador con los que ya tenían experiencia. Dar el espacio que en ese momento no pude dar.

Mi último equipo me lo agradeció en serio, varios lograron escalar dentro de la compañía. No sé si eso repara lo de antes. Pero todavía pienso en esa persona de vez en cuando.